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Rusia, octubre, 1917: madre de revoluciones

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                                                                                                Manuel Aguilar Mora   

                                                                         Publicado en Umbral No.7, diciembre, 1997

En Moscú ya hace años que no se realiza el pomposo desfile anual ritual de la revolución de octubre de 1917 que durante décadas realizaba la burocracia soviética el 7 de noviembre. A partir del triunfo de Yeltsin, la revolución bolchevique se transformó en un "golpe de estado", y Lenin de héroe se convirtió en un genio del mal.

Los que nunca aceptamos que la burocracia soviética encabezada por Stalin, después de exterminar implacablemente al partido de Lenin y Trotsky, "construía el socialismo en la sexta parte de la superficie terrestre", no nos sentimos desilusionados por los acontecimientos desencadenados con el derrumbe del muro de Berlín. No hubo desencanto pues nunca fuimos hipnotizados por el encanto de ninguna "patria socialista".

Sin embargo, no podemos subestimar los estragos políticos e ideológicos que la estafa stalinista (sin duda la más grande del siglo) produjo en amplísimos sectores democráticos y revolucionarios del mundo entero. Es un factor objetivo cuya realidad determina la situación actual para los socialistas, un factor que no tuvieron las generaciones del siglo XIX, ni las de la primera mitad de este siglo. La necesidad de recuperar el sentido fidedigno del combate por el socialismo, al mismo carácter de las metas e ideales socialistas. Estamos ante una ruptura de la conciencia social de vanguardia que es necesario superar. Representa el mal específico de este fin de siglo.

Desde 1936 en La revolución traicionada León Trotsky había sabido interpretar con lucidez la contrarrevolución stalinista. Cuando el dictador, con las manos ensangrentadas por las purgas a fines de los años 30, declaraba que en la U R S S, se había realizado ya "la primera etapa del socialismo", Trotsky aseguraba que la dirección stalinista representaba un factor de restauración capitalista. Para él el porvenir soviético se ramificaba en dos perspectivas fundamentales: o la contrarrevolución stalinista avanzaba hasta culminar con la abierta y descarada restauración capitalista o la burocracia era eliminada por el pueblo trabajador reorientando el curso hacia la instauración en la sociedad de los métodos y principios socialistas, democráticos e internacionalistas. En ambos casos se daría una ruptura. La contrarrevolución burocrática abriría el camino para la intervención imperialista directa y la imposición de una burguesía de modo violento y represivo (la intervención hitleriana de la U R S S, representó el ejemplo más extremo de lo que era capaz de hacer el imperialismo contra la primera república de los trabajadores) o los trabajadores se insurreccionarían y eliminarían a la burocracia en una revolución política que no cambiaría las relaciones de producción imperantes pero les daría un contenido socialista, democrático e internacionalista que la burocracia hacía mucho había eliminado.


Este pronóstico de Trotsky está todavía en proceso de realización. La situación de la ex U.R.S.S. en la actualidad representa una mezcla compleja de factores contradictorios que ratifica la previsión trotskista en lo fundamental. La burocracia, ahora ya desembarazada del cascarón "comunista" abiertamente restaurad capitalismo pero a su manera.

 

Así, la intervención imperialista, mucho más abierta y profunda que antes, no ha podido sin embargo todavía imponer el equipo gobernante que sea responsable directo ante ella. Yeltsin y sus secuaces siguen siendo la nomenklatura en el poder. Son quienes determinan finalmente los tratos y las formas de los nuevos negocios producto de las privatizaciones, quienes fomentan la alianza con las llamadas mafias, grupos de exburócratas o personajes del mundo lumpen que hoy manejan los negocios más lucrativos en la ex U.R.S.S.. especulación, narcotráfico, prostitución y todo tipo de formas de corrupción criminal rampante que supera a veces con creces a las del mundo occidental. Y esta situación tiende a prevalecer en la medida de que el imperialismo no tiene los recursos necesarios para emprender una restauración más acelerada y directamente bajo su supervisión.

El vasto arsenal productivo de la ex U.R.S.S. sigue nacionalizado. La burguesía rusa (ucraniana, georgiana, etc.) sigue siendo un sector ínfimo de la población cuya dependencia total de la burocracia exsoviética (por supuesto una de sus mayores fuentes) y de los capitalistas occidentales la hacen todavía un actor político sin autonomía. La completa restauración capitalista tiene todavía un buen trecho por delante al faltar el enraizamiento y la consolidación de una burguesía autóctona.

Por otra parte, la población de los sacrificados pueblos de estos países se confronta a las plagas del neoliberalismo. El devastado proletariado ruso y de las otras repúblicas es la víctima de un gigantesco plan de choque que aspira a convertirlo en un simple instrumento dócil de la restauración. En Rusia se gesta también por tanto una poderosa reacción popular contra el cinismo explotador de los nuevos amos neoliberales del planeta.

 


 

 Si ha habido un acontecimiento que ha marcado el siglo ese ha sido la revolución rusa de octubre de 1917. Lo que sucedió en la U.R.S.S. determinó en gran medida la historia y el destino de la lucha de clases proletaria mundial, sean o no conscientes de ello amplios sectores del movimiento obrero.

El surgimiento del stalinismo, su entrelazamiento con el fascismo alemán (que nunca hubiera triunfado sin la política stalinista en Alemania durante la crisis de 1929 - 33), la conversión de la U.R.S.S. en una potencia industrial y al mismo tiempo en un gigantesco campo de concentración, la Segunda Guerra Mundial, el triunfo soviético y nuevamente usurpado por la burocracia, la expansión del "campo socialista" con la victoria maoísta en China, la guerra fría y finalmente la perestroika, esfuerzo tardío de los sectores reformistas burocráticos que fracasó, fueron acontecimientos determinantes del destino trágico del siglo XX.

En el movimiento trotskista, como consecuencia de la extensión del "campo socialista", se llegó a una conclusión tácita: el curso apuntaba a una ampliación del bloque de países no capitalistas y al fortalecimiento de las fuerzas proletarias capaces de desafiar con éxito a la burocracia.

Sin descartar totalmente el proyecto de la restauración capitalista, se le consideraba el menos probable. Incluso entre los más talentosos seguidores de Trotsky, como fueron los casos de Isaac Deutscher y Emest Mandel, no contaban con una rápida erupción de la restauración capitalista que la veían alejarse del horizonte en la medida que el crecimiento económico del bloque soviético y sus aliados continuaba. Pero ya con el largo período de Breshnev el estancamiento soviético era evidente y aún mayor la profundización de la descomposición social.

Cuando se daban estos acontecimientos faltó capacidad crítica para comprender que la decadencia burocrática enfilaba hacia nuevos rumbos, al parecer inconcebibles en los años posteriores a la guerra mundial e incluso en la década dé los años 60.

Lo que hoy pasa nos obliga a dotarnos de nuevo con un espíritu crítico del marxismo revolucionario y a profundizar en la complejísima situación actual del ex llamado campo socialista. Debemos estar alertas y no apresurarnos a declarar la "restauración capitalista" como un hecho consumado. Y, al mismo tiempo, a apreciar la potencialidad transformadora de los millones de trabajadores de estos países que han experimentado brutales cambios en su vida y en sus relaciones sociales: de experimentar formas de organización no capitalistas ahora se confrontan con la imposición de los métodos capitalistas desnudos. Este contraste engendrador de bruscos cambio de conciencia es el crisol donde se forjan ya los futuros procesos inéditos que en estos países conmoverán y transformarán de nuevo al mundo.

 

Unidad socialista #51 (descargar PDF)

Cuales la posición de los revolucionarios ante el PRD. Debate entre Jose Luis Hernadez Ayala(SME) y Jaime Gonzalez(LUS)

Exigimos la presentación con vida y en libertad de los detenidos-desaparecidos del EPR; Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Así como de todas y todos los presos políticos y desaparecidos del país.

¡Vivos se los llevaron vivos los queremos!

Unidad socialista 51

 

dsfs