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La UNAM a ocho meses de la represión

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En la UNAM no queda sino la desmoralización y si vuelve a surgir otro movimiento estudiantil, tendrá que ser sobre bases nuevas, pero todo indica que se necesitaran tal vez años para que los estudiantes se recuperen de su derrota pues es un hecho que no queda ninguna organización estudiantil que abarque todas las escuelas y facultades y solo grupos radicalizados y diversos en algunas de ellas

Ricardo Martínez Lacy-Militante de LUS

                                                                                                 Publicado en Umbral, No,17,octubre 2000

El 6 de febrero pasará a la historia como uno de los días de mayor represión. En ese día fueron apresa­dos más de 900 estudiantes que, junto con los más de doscientos que estaban ya en la cárcel desde hacía cinco días, sumaron una cantidad de más de mil presos políticos, número sólo comparable al de los del mo­vimiento ferrocarrilero de 1959 y a los del dos de octubre de 1968. ¿Cómo se pudo llegar a tanto?

Como es bien sabido, la huelga se había iniciado el 20 de abril con los mejores aus­picios. La mayoría de los estudiantes había votado a favor de ella y participaba acti­vamente. Sin embargo, también desde el principio eran notorios los gérmenes de des­composición en los procedimientos de fun­cionamiento del Consejo General de Huel­ga que, en consecuencia, no podía sesionar sin maniobras, estos gérmenes también se expresaban en la actitud excluyente de los activistas en contra de la mayoría de sus compañeros que simplemente abandonaron rápidamente la huelga a pesar de que esta­ban a favor de sus demandas.

Esta política intolerante y excluyente se complementó muy bien con la intransigen­cia del entonces rector Barnés de Castro, pero llevó a la represión ante las iniciativas astutas (y, antiuniversitarias) del nuevo rec­tor salido del mero gabinete presidencial: Juan Ramón de la Fuente. Todos recorda­rán, en efecto que, después de poner de manifiesto una vez más que el CGH había caído en una posición de total intransigen­cia y estaba falto de propuesta alguna para la solución del conflicto, audazmente tomó una idea planteada por varios sectores uni­versitarios, incluyendo a los estudiantes y académicos de la Coalición Socialista, conformada por la Liga de Unidad Socialista, el Partido Obrero Socialista (POS) y la Ju­ventud Socialista. Esta idea consistía en resolver el conflicto por medio de un referéndum y de la Fuente lo realizó unilatera­lmente y con preguntas capciosas. Sin em­bargo, sus trampas le fueron útiles, porque el CGH, en lugar de proponer realizar un plebiscito conjunto con preguntas de con­senso, decidió organizar el suyo propio y proclamó que más de 600 mil ciudadanos lo apoyaban todavía.

           

En cambio, de la Fuente actuó rápida­mente y, con la ayuda de Francisco Ealy Ortiz, director de El Universal logró la pu­blicación de un desplegado firmado por in­telectuales y miembros de las "fuerzas vi­vas" que declaraban que el resultado del plebiscito significaba que el rector debía solicitar la aplicación de la ley. Esto, sin tomar en cuenta que sólo participó en esa votación una cuarta parte de los universita­rios y que, de los que sí participaron, un diez por ciento respondió con un no a las pre­guntas de las autoridades.

El Io de febrero se dio una especie de ensayo general de la represión de cinco días más tarde cuando la inconstitucional Poli­cía Federal Preventiva (PFP) encarceló a cientos de estudiantes que acababan de re­cuperar la Preparatoria 3 de manos de un grupo de miembros de la Dirección Gene­ral "de Apoyo a la Comunidad" y, por lo tanto, a sueldo del rector de la Fuente. En­tre los presos estaban Leda Silva y Gabriela Ramírez, que militan en el POS y en la Coa­lición Socialista. La toma de la UNAM, aunque anunciada por estos acontecimien­tos ominosos, resultó un serio golpe para esa institución y, en contra del espíritu de Barros Sierra en 1968, fue nada menos que una traición de de la Fuente a la institución, cuya autonomía debería haber defendido y que, en cambio, al aceptar su violación se convierte en el segundo rector, después de Soberón que ha llamada a la policía a inter­venir en la UNAM.

En todo caso, la reacción no se hizo es­perar y el mismo día 6 de febrero se impro­visó una marcha de más de diez mil perso­nas que desfiló desde el Ángel de la Independencia hasta el Monumento a la Re­volución y, tres días más tarde, se realizó otra con más de cien mil participantes. Es­tas manifestaciones hicieron insostenible la permanencia de la PFP, permanencia anun­ciada para entre dos a cuatro semanas y que sólo se hizo efectiva por una.

La flagrante ilegalidad de la situación facilitó la liberación de los presos en pocas semanas y, en menor número de casos, en meses.

¿Cuál es la situación actual de la UNAM? A raíz del 6 de febrero, se conservó un gru­po que siguió actuando como CGH y usan­do su nombre, pero era obvio que el orga­nismo de la representación estudiantil había sido disuelto por la represión y que estas personas no conformaban sino un grupo estudiantil que, en contra de la realidad mis­ma, pretendía que la huelga no había sido reprimida y fingía representar a los estudian­tes en su conjunto, tarea en que los medios masivos de comunicación, como los cana­les de Televisa, Televisión Azteca, el Canal 40 y los diarios La Jornada y El Universal, les ayudaron. Lo que era y es cada vez más evidente es que el movimiento del CGH sufrió una derrota mortal y que ese movi­miento ya no existe y nadie lo puede reivin­dicar sino como un hecho histórico más. En la UNAM no queda sino la desmoralización y si vuelve a surgir otro movimiento estu­diantil, tendrá que ser sobre bases nuevas, pero todo indica que se necesitarán tal vez años para que los estudiantes se recuperen de su derrota, pues es un hecho que no que­da ninguna organización estudiantil que abarque todas las escuelas y facultades y sólo grupos radicalizados y diversos en al­gunas de ellas.

Esto tiene implicaciones para el futuro inmediato. El plebiscito del rector propo­nía un congreso que discutiera y resolviera las demandas estudiantiles y, en las actua­les condiciones, un congreso podría facili­tar la puesta en práctica de una política neoliberal radical apoyada por el gobierno del neoliberal Vicente Fox, ardiente parti­dario de la educación privada y del cobro de colegiaturas. Es pues, necesario, discu­tir la pertinencia en estos momentos de la celebración de dicho congreso y de sus modalidades, pues un congreso que avale una reforma universitaria a la medida de la rectoría y del gobierno del PAN significa­ría el fin de todo un proyecto de emancipa­ción cultural.

En todo caso, una de las lecciones más importantes del movimiento del CGH es que la democracia no es un lujo sino una nece­sidad, y que cualquier movimiento que as­pire a representar a los estudiantes o a cual­quier movimiento de masas, debe respetar todas las ideas y todas las posiciones políti­cas, por más oportunistas y reformistas que sean. En la historia del CGH se ve repetida la historia de la degeneración del Partido Comunista de la URSS que, de un partido revolucionario, llegó a convertirse en el ju­guete de una camarilla burocrática. Esto sugiere que esta historia no se ha conocido ni comprendido...

Unidad socialista #51 (descargar PDF)

Cuales la posición de los revolucionarios ante el PRD. Debate entre Jose Luis Hernadez Ayala(SME) y Jaime Gonzalez(LUS)

Exigimos la presentación con vida y en libertad de los detenidos-desaparecidos del EPR; Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Así como de todas y todos los presos políticos y desaparecidos del país.

¡Vivos se los llevaron vivos los queremos!

Unidad socialista 51

 

dsfs