Liga de Unidad Socialista |
Liga de Unidad Socialista es una organización marxista revolucionaria que ayuda al proletariado y sus aliados a abolir el mal gobierno.
¡Forjar un partido de la claclase trabajadora!
jJuramos vencer y venceremos!
El 68 mexicano: el futuro que empezó ayer. Grietas irreparables en el régimen. La historia reciente, incomprensible sin el 68. Cronologia del movimiento estudiantil de 1968 El 68 mexicano: el futuro que empezó ayer. Manuel Aguilar Mora El 68 mexicano se inició después de que habían transcurrido más de seis meses del año histórico cúspide de la década de los años sesenta. El mundo ya había sido cimbrado por la ofensiva del Tet ( nuevo año) de los combatientes por la libertad vietnamita cuya invasión a la embajada yanqui es Saigón inició la etapa final de la guerra en ese país, por el mayo francés; por la primavera de Praga y en Estados Unidos crecía caudaloso el torrente popular contra la guerra del sureste asiático. En el apogeo de la movilización estudiantil popular en agosto, se registró la ignominiosa invasión soviética a Checoslovaquia. Cuando el 2 de octubre la cortina de metralla se abatió cobre el movimiento estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, el mundo entero concentraba su atención en nuestro país, pues además las olimpiadas estaban a apunto de iniciarse en el estadio de la Ciudad Universitaria. Tlatelolco fue la culminación violenta y sangrienta de 1968. Este es un primer hecho del movimiento estudiantil-popular: fue parte integrante estelar de los acontecimientos que hicieron de 1968 un año cúspide de la revolución mundial en la segunda mitad del siglo XX. Interpretar es politizar A 30 años del despliegue democrático masivo decisivo de la historia contemporánea de México, la querella de las interpretaciones, de su contenido y sus consecuencias es una real batalla ideológica. En realidad el 68 es visto en general a través de los cristales del 98. Interpretar el 68 es proyectar al pasado las posturas políticas sostenidas en la actualidad. Se trata de privilegiar un momento de ese movimiento en detrimento de los demás. Por eso, no exageramos al afirmar que una interpretación realmente totalizadora de la rica y contradictoria realidad del 68, con sus consecuencias y su violento desenlace en Tlatelolco sólo es posible que lo hagan todos aquellos que mantenían una posición radical y plebeya que fue la de los protagonistas fundamentales de esas jornadas: las masas estudiantiles y populares. Los socialistas, que nos mantenemos firmes en nuestra oposición de clase e independiente al sistema capitalista y a su estado aspiramos, con la concepción marxista de la sociedad y de su evolución, a interpretar esos acontecimientos de la manera más profunda posible. Contrastemos nuestra interpretación, por ejemplo con la de Luis González de Alba, uno de los dirigentes destacados Del Consejo Nacional de Huelga (CNH) y autor de una de las crónicas más leídas del movimiento. Los días y los años. Para él, visto treinta años después, el movimiento estudiantil no tuvo, en sus orígenes y desarrollo, objetivos políticos revolucionarios fundamentales. Fue una fiesta...( ) Algo así ocurrió tras el temblor del 85: todos éramos uno, que es el sentimiento oceánico y orgiástico de la fiesta en su sentido religioso, del carnaval y de la unión sin límites entre el yo y el mundo exterior, unión que es precisamente la función del orgasmo (...) Este sentimiento (...) unió a estudiantes de izquierda y católicos, de universidades pobres y del Tecnológico de Monterrey, priístas inconformes y castristas, técnicos de ingeniería y marxistas de economía . Los unió el placer. 1 Sin discutir la definitivamente poco afortunada comparación con lo ocurrido con el temblor del 85, cuya experiencia dolorosa más que placer produjo una profunda pena el pueblo no sólo de la ciudad de México, principal afectado del siniestro, sino en toda la república, la interpretación de Luis González de Alba del 68 es unilateral en grado sumo. Privilegia, es cierto, un aspecto central, presente en la movilización del 68, en especial en su primera etapa, que termina la noche del 27 de agosto con la intervención del ejército en el Zócalo para desalojar el plantón. El núcleo de verdad que rescata la visión lineal anterior se refiere al hecho de que las masas de un movimiento por causas libertarías y emancipadoras hacen sentir sus huelgas y manifestaciones diversas la fuerza de su solidaridad colectiva, fermentando un clima de fervor igualitario y fraternal, de unión espiritual y física que tiene mucho de lúdico. Pero el restringirse a esta expresión lúdica del 68, estos intérpretes liberales y neoliberales (González de Alba no titubea en afirmar que hoy estamos mejor que en1968) se quedan sólo en una parte del hecho, en su superficie. ¿Por qué esos momentos gozosos, en cuyos resquicios atraviesa una luz que ilumina la silueta de una humanidad por fin humanizada, se dan tan pocas veces? ¿Por qué los carnavales anuales, fiestas multitudinarias en que la búsqueda de placer es el único vínculo son a veces tan rutinarias como la vida cotidiana común y corriente? Cuando una masa desborda los cauces del status-quo impuesto por el poder dominante, ciertamente encuentra en su acción colectiva creadora, en el sentimiento de su fuerza masiva, uno de sus principales acervos. Pero su potencia se despliega de modo exultante cuando ese sentimiento coincide con las ideas revolucionarias., los proyectos de un mundo mejor. En el capitalismo del siglo XX, los 68s no se dieron cada década fueron tiempos culminantes de procesos plurales que en un momento dado, por un azar histórico convergieron en una fecha luminosa que permitió alumbrar las potencialidades escondidas en las masas oprimidas. La felicidad que da a sus protagonistas estos actos revolucionarios supera el placer de la fiesta orgiástico. Esta felicidad se logra cuando el ser humano reencuentra con alegría y fuerza el sentimiento de solidaridad con los demás seres humanos, teniendo la certeza de que sus acciones pensamientos e ideales contribuyen a la forja de un mejor porvenir. En México, ese momento coincidió precisamente en un año en que su pueblo se hizo contemporáneo de todas las naciones, en una hora mundial excepcional, como se ha dicho. El estudiantado fue el detonador del proceso como un la Francia y como en muchos otros países esa rebelión juvenil marcó también, un hito al abrir las esclusas de la rebeldía mucho tiempo contenidas; feministas, homosexuales, ambientalistas. Todas ellas marcadas por el denominador común de su radicalidad democrática. Pero hubo una peculiaridad mexicana. La masiva movilización independiente y democrática se confrontó con una dictadura peculiar que disfrazaba su carácter real tras los telones de una seudodemocracia burguesa y populista anacrónica. La del Pri-gobierno era una dictadura que contaba con enormes recursos de estabilidad política ( había surgido en 1920 y se había institucionalizado en 1929) y económica (el crecimiento económico había logrado índices altísimos durante los 25 años anteriores). Controlaba sin desafíos importantes al movimiento obrero y manipulaba a los campesinos con los restos de una reforma agraria burguesa cada vez más insuficiente.
En el sexenio de Díaz Ordaz la prepotencia priísta había llegado muy alto. La represión del periodo iniciado desde 1959, cuando Díaz Ordaz era el secretario del Gobernación del gobierno de López Mateos, había cobrado muchas víctimas (el asesinato del líder campesino Rubén Jaramillo y su familia) y tenía atestadas de presos políticos las cárceles del país. El famoso penal de Lecumberri era el sombrío símbolo de ese momento albergando a decenas de trabajadores, estudiantes, médicos, periodistas, intelectuales y, en la cárcel de mujeres, también había presas políticas. Los nombres de Demetrio Vallejo y Valentín Campa detenidos en 1959, con motivo de la huelga ferrocarrilera de ese año, eran sus más conocidos representantes. Los movimientos sindicales se habían topado con el muro represivo implacable: ferrocarrileros, maestros, petroleros, telegrafistas, médicos y antes de 1968 también los estudiantes habían sido reprimidos en Michoacán, Puebla, Nuevo León, Tabasco, Chihuahua, Sonora y en el Distrito Federal. El despotismo diazordacista parecía invencible. La chispa de la trifulca estudiantil en la ciudadela frente a la vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional, es una anécdota muy conocida fue el momento azaroso escogido por la historia de un conflicto social cargado por la acumulación durante toda una década de agravios, crímenes y represiones. Cuando la protesta estudiantil se desplegó el 26 de julio denunciando la salvaje represión de que habían sido objeto los estudiantes de la Vocacional 5, la respuesta fue más represión, la cual se expandió por todo el centro de la ciudad tocando a los sectores de las preparatorias del viejo barrio universitario, inmediatamente después vino el bazukazo al antiguo edificio de la rectoría, la toma de la preparatoria 3 y la irrupción de la movilización, incluidas las autoridades universitarias con el rector Barros Sierra a la cabeza. El movimiento se había desencadenado. El reto antidemocrático En el México antidemocrático de los sesenta, los campus de la educación superior, en espacial los universitarios y politécnicos, eran islas rebeldes donde pululaban las ideas y polémicas ideológicas. La rebelión juvenil se expresaba incluso en las melenas, en la introducción del rock, en las costumbres sexuales más liberales, todo ello acabado con un crecimiento gigantesco de la matrícula. La UNAM, el IPN y atrás de ellas las demás instituciones universitarias se masificaban rápidamente. El caldo de cultivo surgió para la acción de los grupúsculos, como despectivamente bautizó el Partido Comunista francés a los sectores politizados y radicales que desafiaban al capitalismo, al imperialismo, y cada vez más también al estalinismo. Estos grupos abundaban en la Ciudad Universitaria, en Santo Tomas, en Zacatenco, en Chapingo y se extendían a las preparatorias y vocacionales. De estos grupúsculos curtidos desde principios de la década en polémicas y luchas incensarios con los reformistas del Partido Comunista Mexicano y las autoridades, salieron una gran parte de los comités de lucha e incluso del CNH. Desde un principio, el movimiento estudiantil fue un movimiento político. La huelga que se extendió por todo el Distrito Federal hacia otros estados se hizo no contra las autoridades universitarias o politécnicas, sino contra las del DF y ante todo, contra el propio presidente Díaz Ordaz. Este último recogió el guante del reto democrático y decidió que tal insolencia sería pagada con creces por los estudiantes. Esquizofrenia y represión Estamos ante uno de los aspectos peor comprendidos por algunos analistas del 68 mexicano. ¿Fue la conducta del presidente Díaz Ordaz, típica de un personaje esquizofrénico, la razón fundamental que explica la violencia represiva desplegada en Tlatelolco y en los diferentes conflictos que lo precedieron? No seremos quienes le quitemos un ápice de su responsabilidad criminal, pero un análisis marxista de la masacre del 2 de octubre desborda los problemas de la personalidad psicótica de Díaz Ordaz. Se trata de un hecho represivo mayúsculo, el recurso tajante de una dictadura amenazada por un movimiento que la desbordaba. Tlatelolco se explica por el terror mortal de la camarilla priísta de que los contactos e influencias cada vez mayores que el movimiento estaba anudando y expandiendo en los sectores populares, en especial; obreros, reeditara en México una experiencia similar a la del mayo francés. Y si De Gaulle pudo superar apenas el desafió, Díaz Ordaz y su camarilla sabían que no podrían. Fue una señal imposible de ignorar. El régimen priísta registró su primera gran sacudida que anunció el inicio de su larga y truculenta decadencia. Echeverría y López Portillo se encargaron de descifrar la sobrevivencia. Contando con la inteligencia de dos de los más capaces personajes del régimen Porfirio Muñoz Ledo con Luis Echeverría y Jesús Reyes Heroles con José López Portillo, se delineó respectivamente primero la apertura democrática y, sobre todo, después la reforma política que permitieron mantener la presión democratizadora bajo control durante más de una década, canalizando hacia vías parlamentarias a gran parte de la oposición. La tragedia de Tlatelolco no es un hecho atípico de un movimiento festivo de masas. Surgió naturalmente del contexto de la lucha entre una población cada vez más madura y consciente de sus derechos y una dictadura que se resiste a perder sus enormes privilegios. En esta tensión colosal se colocó el verdadero protagonista de esos año histórico: las masas juveniles alegres y audaces, que recorrieron las calles de la capital cimbrando los palacios y convocando al pueblo a unirse a su lucha. Fueron los héroes populares que se ganaron para siempre un lugar de honor en la memoria colectiva del pueblo mexicano. 1 Luis González de Alba. México: la fiesta y la tragedia .Letra Internacional, Madrid, marzo-abril de 1968 Grietas irreparables en el régimen La historia reciente, incomprensible sin el 68 Jaime González No cabe duda que el movimiento estudiantil y popular de 1968 tuvo sus efectos en la vida política de México, como también tuvo en la forma de ser de toda una generación. pero realmente, ¿qué tan importante fue para el desarrollo histórico posterior del país? Y, ¿acaso existen parámetros con los cuáles podemos contestar esta pregunta? Primero debemos considerar que el movimiento fue brutalmente reprimido antes de que pudiera extenderse hacia los trabajadores y campesinos. el régimen salió triunfante: Gustavo Díaz Ordaz terminó normalmente su sexenio y el sistema pudo realizar la transmisión normal del poder presidencial hacia su sucesor, Luis Echeverría Álvarez. Más aún, el movimiento no tuvo efectos notables sobre los macroplanes económicos del gobierno. En el ámbito social, la clase en el poder siguió siendo la misma clase capitalista sumisa, subordinada a Estados Unidos y a Europa, una clase que ha crecido y se ha desarrollado principalmente a la sombra del estado y no tanto por efectos de su propio poder o de su propia iniciativa (y ahí está el Fobrapoa para despejar cualquierduda al respecto). Desde los más frívolos corifeos del priísmo, hasta los más graves analistas y técnicos, todos encontraron un pretexto para adaptarse al régimen y para sonreír ante el poder. Jacobo Zabludovsky continúo al frente de los ratings en las noticias televisivas. el ciclo de la producción reproducción de las relaciones sociales y económicas continuó, mínimamente perturbado. Entonces ¿por qué se habla tanto del 68?, ¿Por qué, en el fondo, nos parecen tan apropiados los términos parteaguas o año frontera para caracterizarlo? La razón es que fue el inicio de una rebeldía profunda que el sistema nunca pudo sofocar. Nos bien a la mente la imagen de un gigante brutal, el estado, cuyo cuerpo se ha venido fracturando muy, muy lentamente a consecuencia de la grieta que le produjo esa juventud a la que Díaz Ordaz castigo en forma ejemplar. Desde entonces, la hendidura no ha dejado de ampliarse. El efecto más apreciable del 68, fuera de las escuelas y más allá del ámbito cultural, se comenzó a notar casi inmediatamente en la estructura corporativa y caciquil con la que el bonapartismo mexicano extendió su control político sobre la población. A pesar de la represión, la rebeldía estudiantil no cesó. los estudiantes volvieron a salir a la calle a retar al gobierno y a intentar extender el movimiento en diversos estado de la república, y muy notablemente en Nuevo León. En junio de 1971 el gobierno volvió a responder con golpes y con balas, e intento encubrir su participación mediante el uso del grupo paramilitar (y parapolicial) de los Halcones . Pero nuevamente, a pesar de la brutalidad estatal, la rebeldía no fue suprimida. La rebelión fue combatida no sólo con medios represivos abiertos y soterrados, sino también (y muy fundamentalmente) con medios políticos y con mucha, muchísima corrupción. El hecho de que los capitalistas mexicanos y su gobierno dictatorial sean sanguinarios no excluye que también sean sofisticados y hábiles en el manejo político. No concedieron directamente directamente al movimiento de 1968 las demandas de libertad a los presos políticos y a la derogación de, delito de disolución social en el Código Penal. Las reformas serían concedidas después del movimiento, cuando el presidente en turno podía hacer gala de magnanimidad. Poco después de la llegada al poder de Luis Echeverría Álvarez se proclamaba la apretura democrática , con la cual se dio inicio a la captación de una serie de rebeldes arrepentidos ( realistas , dirían algunos ). Paralelamente a sus intentos por maquillar su imagen pública el gobierno inició una guerra soterrada para la cual creo la Brigada Blanca . Esta coordinación policiaco-militar estaba compuesta por bandas de carniceros y asesinos que tuvieron que ser disueltas al inicio del sexenio de López Portillo, por considerarse que representaban (en palabras del jefe Durazo) una amenaza contra la ciudadanía. Es difícil comprender cómo alguien que en un momento dado tuvo algún grado de conciencia pudo tener el estómago de tolerar la represión echeverrista: los caso de tortura, las desapariciones...más allá de quinientas de las cuales quedaron documentadas y probadas más allá de cualquier duda gracias a la heroica labor de Rosario Ibarra, Álvarez Icaza y tantos otros precursores del hoy floreciente movimiento por los derechos humanos. Con todo, la rebelión nunca cesó. Los núcleos de izquierda engrosados por estudiantes encontraron una base social en la década de 1970, a veces, limitada y a veces extensa. Un caso notable fue el de las colonias populares, pero el fenómeno también se presentó entre campesinos solicitantes de tierra, y a veces incluso entre los trabajadores fabriles o de servicios. Por supuesto, sería exagerado plantear que el empuje hacia un régimen más democrático ha sido consecuencias sólo de la rebeldía que representa la continuación del movimiento del 68. las fuerzas telúricas subyacentes a los cambios sociales y políticos son mucho más vasta que la contribución que pudo haber hecho una generación de rebeldes. Sin embargo, la inspiración y el ejemplo de la rebeldía estudiantil es sin duda el origen de gran parte de las grietas que hoy atraviesan al aparato de dominación. Cronología del movimiento estudiantil 2 de julio se registró una pelea entre estudiantes de la Vocacional 2 y de la preparatoria Isaac Ochoterena, en la Ciudadela. Al día siguiente, en represalia, los estudiantes de preparatoria apedrearon la Vocacional 2. 26 de julio una manifestación de estudiantes conmemorando la Revolución Cubana, se encontró con otra organizada por la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), que protestaban por la intervención policíaca durante la pelea entre alumnos de la Vocacional 2 y de la preparatoria. La manifestación fue reprimida. 27 de julio, los estudiantes tomaron las preparatorias 1, 2 y 3 de la UNAM, como protesta a la represión efectuada por los granaderos. 29 de julio la policía y el ejército rodearon planteles escolares de la Preparatoria Nacional y del IPN. Con un disparo de bazooka fue destruída la puerta colonial de la Preparatoria 1 (San Ildefonso), muchos estudiantes resultaron heridos y/o detenidos. Varios planteles de la Escuela Nacional Preparatoria fueron tomados por las fuerzas públicas. 30 de julio, en la Ciudad Universitaria, el rector Barros Sierra izó la bandera nacional a media asta y las transmisiones de Radio UNAM concluyeron temprano, en señal de luto. La policía abandonó las instalaciones de la Preparatoria 5. 1 de agosto el rector encabezó la manifestación que, desde CU, recorrió la avenida Insurgentes hasta Félix Cuevas, dobló por avenida Coyoacán y regresó al punto de partida, concluyendo con un mensaje del Rector Barros Sierra. El presidente Gustavo Díaz Ordaz, en un discurso pronunciado en Guadalajara, ofreció su "mano tendida" a qui-en quisiera estrecharla. Al día siguiente fue crea-do el Consejo Nacional de Huelga (CNH), forma-do por estudiantes y maestros de la UNAM, el IPN, las normales, El Colegio de México, Chapin- go, la universidad Iberoamericana, el colegio La Salle, y algunas universidades estatales. 4 de agosto, El CNH dio a conocer un pliego petitorio que invalidaba el de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), con contenía los siguientes puntos: 1. Libertad a los presos políticos; 2. Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal. (Instituían el delito de disolución social y sirvieron de instrumento jurídico para la agresión sufrida por los estudiantes); 3. Desaparición del Cuerpo de Granaderos; 4. Destitución de los jefes policíacos; 5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio de el conflicto; 6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos. 13 de agosto, se realizó una gran manifestación, del Museo Nacional de Antropología al Zócalo, con más de 150,000 participantes, Se sumaron estudiantes del Conservatorio Nacional y de la Normal Superior. El CNH declaró que la FNET no representaba al estudiantado. 22 de agosto el gobierno declaró que tenía la mejor voluntad de dialogar. Profesores y estudiantes respondieron afirmativamente, siempre y cuando el diálogo se realizara en presencia de la prensa, la radio y la televisión. 27 de agosto salió una manifestación de alrededor de 300,000 participantes, del Museo de Antropología al Zócalo, donde los estudiantes permanecieron en la plaza e izaron una bandera rojinegra a media asta. En la madrugada fueron desalojados por el ejército. Al otro día hubo un acto de desagravio a la Bandera Nacional, al que asistieron trabajadores al servicio del Estado. Nuevo enfrentamiento con fuerzas públicas; comandos del ejército se apostaron en las cercanías de la Ciudad Universitaria y de Zacatenco. 1 de septiembre, el presidente rindió su cuarto informe de gobierno. 7 de septiembre se celebró un mitin en Tlatelolco. 9 de septiembre: Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, declaró: "nuestras demandas institucionales han quedado satisfechas" 13 de septiembre se efectúa la "marcha del silencio", con más de 250,000 personas. 18 de septiembre el ejército ocupó la Ciudad Universitaria, destrozando material de laboratorio y bibliográfico, además hubo muchos detenidos. 19 de septiembre, el rector protestó por la ocupación militar y encabezó una manifestación, la primera en la que la rectoría de la UNAM apoyó abiertamente al movimiento, la ocupación duró 12 días. La Cámara de Diputados, en voz de Luis Farías, atacó al rector Barros Sierra, quien presentó su renuncian. Pero la Junta de Gobierno le pidió que permaneciera al frente de la UNAM. 23 de septiembre se enfrentan las fuerzas del gobierno y los estudiantes en el Casco de Santo Tomas, campus principal del IPN. 27 de septiembre se realiza un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, ahí se invita a otro mitin para el 2 de octubre, ahí mismo a las cinco de la tarde. 1 de octubre se reanudaron las labores de investigación, administración y, parcialmente, las de difusión cultural en la UNAM. El CNH decidió mantener la huelga escolar. 2 de octubre de 1968, los estudiantes asistieron a la Plaza de las Tres Culturas a protestar contra el autoritarismo gubernamental, El Secretaría de Gobernación, Luis Echeverría, respondió enviando al ejército para reprimir; miles de estudiantes fueron asesinados. Larepresión pasó a la historia como la masacre de Tlatelolco El día 9 el CNH acepta la tregua Olímpica, ninguna manifestación del 12 al 28 de Octubre. 12 se inauguraron las Olimpiadas de México 68, bautizadas desde el principio como las "olimpiadas de la paz", de ahí su logotipo. 4 de diciembre los estudiantes regresaron a clases. |
Unidad socialista #51 (descargar PDF)
|
Exigimos la presentación con vida y en libertad de los detenidos-desaparecidos del EPR; Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Así como de todas y todos los presos políticos y desaparecidos del país. ¡Vivos se los llevaron vivos los queremos!
|
Unidad socialista 51

dsfs