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Cuba en el centro del torbellino
Manuel Aguilar Mora-Militante de LUS Publicado en UMBRAL Julio 2002 No 27 A partir del 11 de septiembre, con el desencadenamiento de las fuerzas más belicosas del gobierno de Washington, natural era que Cuba, la isla que se mantiene como el único territorio independiente del control imperialista en el hemisferio occidental, volviera a ponerse de nuevo en un primer plano de la mira agresiva del presidente Bush, hijo.
Bush, Powell y otros altos funcionarios del gobierno estadounidense han señalado insistentemente que Cuba es parte del llamado eje del mal, "uno de los centros del terrorismo mundial" que "amenazan" y "hacen la guerra" (sic) a Estados Unidos. En México las presiones imperialistas sobre el vende patrias gobierno foxista han tenido como consecuencia el completo alineamiento de la política exterior a los dictados de Washington. La cumbre de marzo en Monterrey y el ignominioso trato dado al presidente cubano por Fox y Castañeda con sus consecuencias embarazosas para el presidente mexicano al ser expuesto como un político mentiroso, prepotente con Fidel Castro y al mismo tiempo la cayuna mente obsequioso con Bush, fue una demostración de primera plana que impactó poderosamente la opinión pública nacional. Después el colofón del giro de 180 grados fue el voto favorable mexicano en Ginebra apoyando una moción crítica de la política de derechos humanos en la isla, patrocinada obviamente por el gobierno de Estados Unidos mediante su títere uruguayo. Por primera vez, después de más de cuatro décadas, el gobierno de Los Pinos votaba abiertamente contra el gobierno de La Habana, para complacer al poderoso Vecino del norte.
La importancia decisiva de Cuba Los acontecimientos cubanos tienen para México, en especial para la política socialista revolucionaria, una importancia fundamental. Lo que suceda en Cuba repercutirá en nuestro país con tanta o mayor fuerza que lo que sucedió con la caída del muro de Berlín y la consecuente disolución de la Unión Soviética hace una década. En una palabra, influye e influirá con fuerza de modo decisivo en la política y la lucha de clases en nuestro país. No sólo por la cercanía geográfica e histórica que vincula a nuestro pueblo con el cubano, sino porque lo que sucede en Cuba tiene importancia crucial para la lucha antiimperialista y por el socialismo en América Latina. Del resultado que tenga el conflicto entre el imperialismo y el pueblo y el gobierno de Cuba dependerá en gran medida el destino del combate de las masas latinoamericanas por su emancipación nacional y social.
El 11 de junio, Fidel Castro pronunció un discurso altamente significativo para responder a otro discurso del presidente Bush en el cual condicionaba el levantamiento del bloqueo económico que Washington ha impuesto durante más de 40 años a la isla rebelde, a la implantación de reformas políticas y económicas cuyo fin sea la eliminación de la economía estatalmente controlada y la liquidación del sistema político del partido único.
En dicho discurso, Castro expresó conceptos difíciles de oír en la voz de un jefe de estado en un momento en que la política oficial mundial parece sólo un inmenso eco de las iracundias y esquizofrenias emitidas por la Casa Blanca y el Pentágono.
Pulsando el desolador panorama de la política oficial mundial dijo él: "Ante tanta cobardía, muchos pueblos del mundo pondrán sus mayores esperanzas en el propio pueblo norteamericano. Es el único que puede frenar y poner una camisa de fuerza a los fanáticos del poder, la arbitrariedad y la guerra". (Cursivas nuestras).
Entre los gobernantes latinoamericanos, sólo el jefe del único estado no sometido al imperio del capital tiene la comprensión del papel crucial del pueblo de EUA y el poder para decir y confiar abiertamente en la capacidad revolucionaria del pueblo estadounidense. Sólo un jefe de estado con el apoyo popular enorme que todavía tiene el gobierno de La Habana después de más de cuatro décadas en el poder, tiene la fuerza para convocar al pueblo a continuar una lucha tan desproporcionada como la emprendida por las masas trabajadoras cubanas contra el imperialismo más poderoso de la historia.
Castro también llamó a una manifestación de apoyo al régimen socialista instaurado por la revolución y al sistema político de partido único que lo ha acompañado desde entonces. Dos días después, casi un millón de personas en La Habana y otras tantas en diferentes puntos del país, realizaron una de las mayores demostraciones de apoyo popular al gobierno cubano desde el triunfo revolucionario de 1959. Si tomamos en cuenta las proporciones de las poblaciones de Cuba y México, ¿podemos imaginar manifestaciones en los diferentes estados y en la capital de la república que sumaran cerca de 10 millones de mexicanos y mexicanas apoyando al curso de Fox, Gil Díaz y Castañeda? Burocracia y restauración capitalista
La crisis de la globalización imperialista que significaron los acontecimientos del 11 de septiembre han actuado como detonador de un curso de la dirección castrista que se venía gestando desde diez años antes a raíz del colapso del bloque soviético y el consecuente aislamiento internacional de la isla, que provocó, entre otras cosas, una política por la que Castro trataba de encontrar convergencias y apoyos en las burguesías latinoamericanas. Ha sido un proceso muy lento, difícil y zigzagueante. Pero en La Habana se ha llegado a la conclusión de que en la lucha contra el enemigo histórico de la revolución y del estado cubano, el destino de éstos no puede depender de las alianzas con los gobiernos neoliberales de América Latina y menos con los imperialistas de otros continentes.
Es un giro que todavía está desarrollándole. No es, no ha sido, ni de lejos, autocrítico del curso desastroso que mantuvo la dirección castrista durante dos décadas como aliada de la burocracia soviética, alianza incondicional que, hoy se ve, tan alto precio le ha costado (entre otras cosas, por ejemplo, el hecho de que Cuba siga dependiendo como tradicionalmente sucedía también antes de la revolución, del azúcar, se debe a los acuerdos con los soviéticos).
Igualmente, es un curso que mantiene incólumes algunas de las dizque verdades nefastas del mal llamado socialismo real, falacias aceptadas sin crítica por los castristas, como, por ejemplo, la defensa a ultranza del sistema del partido único. Pero la decisión de los gobernantes de Cuba de apartarse y rechazar la dirección de la burocracia soviética capituladora encarnada en Gorbachov y Yeltsin (de Putin ni hablar), no le dio al imperialismo la posibilidad de lograr emprender un proceso de restauración capitalista en la isla mayor del Caribe tal y como lo está haciendo en los estados que alguna vez formaron la Unión Soviética y en Europa oriental. Tampoco la dirección castrista está realizando la operación de los herederos de Mao en China: una restauración del capitalismo encabezada por el viejo partido maoista, convertido hoy en una burocracia corrupta y traidora.
La recuperación del internacionalismo
La razón de este comportamiento peculiar de la burocracia cubana es fundamentalmente doble. En primer lugar el papel protagónico del pueblo cubano, sus trabajadores y juventud. Con todas sus limitaciones comprensibles después de más de cuatro décadas de agotadora lucha cotidiana contra el poderoso enemigo imperialista, las masas cubanas se siguen movilizando y creyendo en el socialismo. Y en segundo lugar, el carácter de la dirección castrista que, a pesar de su pragmatismo, que tantos problemas le ha causado (pragmatismo expresado en forma relevante en la trayectoria del mismísimo Fidel Castro), mantiene un enorme resto de autoridad política y moral. Esta autoridad política revolucionaria (fundamentalmente antiimperialista) le da todavía enormes márgenes de maniobra a la dirigencia carismàtica del Comandante en Jefe.
Además, a diferencia de las burocracias soviética y china, la cubana tiene en Miami a una poderosa burguesía, fuertemente apoyada por sectores también muy fuertes de Washington, burguesía que ha acumulado profundos y enormes deseos de venganza desde 1959. Representa una contrarrevolución abierta y violenta que no está dispuesta a negociar nada en un proceso de restauración capitalista en la isla.
Tampoco la burocracia cubana ha usurpado violenta y sangrientamente el poder a las masas. Aquí también existe una diferencia con lo que sucedió con la burocracia soviética encabezada por Stalin y con la china liderada por Mao. La frase de "Gulag caribeño" con la cual la propaganda anticastrista identifica al gobierno cubano con las dictaduras estalinista y maoísta no deja de ser eso, una frase sin contenido. En Cuba en los más 40 años transcurridos desde el triunfo revolucionario no se ha ahogado en sangre el proyecto de una nueva sociedad, fundada en los acervos de la liquidación del capitalismo. Ningún gobierno capitalista de América Latina puede competir con el cubano en el balance del respeto a los derechos humanos de sus opositores políticos: ni asesinatos, ni desaparecidos, ni masacres contra manifestaciones se han producido contra ellos en casi medio siglo de existencia del gobierno revolucionario cuba- no.
Ausencia de democracia socialista
Esto no significa que en Cuba exista la democracia socialista. Aquí reside precisamente la principal debilidad que debe superar el proceso cubano, en especial cuando el tiempo inexorable acerca el momento de la muerte del caudillo y se plantea inevitablemente la cuestión de la sucesión. Castro ciertamente es consciente de esto. El referéndum que se realizó a mediados de junio es una muestra de los intentos de la dirección cubana de sellar una transición favorable para "el intocable régimen socialista" de la isla. Según el gobierno, ocho millones de cubanos votaron por el socialismo, lo cual representa un importante éxito para el régimen si tenemos en cuenta que la población de Cuba es de alrededor de 12 millones. Importantes como son estas iniciativas políticas que muestran que el apoyo firme y masivo de la población se mantiene para el proyecto de construcción socialista en contra de los intentos de restauración capitalista auspiciados por Washington y las capitales imperialistas europeas, no bastan para poner en jaque mate las amenazas que se ciernen sobre el futuro del pueblo cubano.
El partido único gobernante, surgido históricamente de la fusión del radical movimiento "26 de Julio" de origen nacionalista acaudillado por Fidel Castro con el viejo partido estalinista cubano, nunca ha actuado al margen de la jefatura del líder máximo ejercida sin control democrático interno alguno. La garantía siempre ha sido la capacidad y el carisma de Castro, cada vez más dependiente de sus apoyos gubernamentales. Es evidente que la evolución de la sociedad cubana en más de 40 años ha superado en la práctica los lineamientos que dieron lugar a este partido, fuertemente influido por los moldes estalinistas durante el periodo de más de dos décadas de alianza sin reservas con la burocracia soviética. Han surgido ya las fuerzas populares maduras y conscientes necesarias que deben y exigen expresarse pluralmente, en el marco político del régimen instaurado en 1959, que ha sobrevivido por más de 40 años tantas difíciles pruebas. Las diversas corrientes de trabajadores socialistas y populares que existen hoy en Cuba no necesariamente todas se identifican con el partido único. Dejarlas que se expresen libre y democráticamente será la mejor garantía de preservar la unidad nacional contra el imperialismo siempre amenazante, en particular a partir del momento en que la fuerza unificadora del líder máximo desaparezca.
La demostración práctica, de la democracia socialista será el mejor modo de hacer fracasar todos los intentos restauradores capitalistas y de imposición de una "democracia" supuestamente representativa al gusto de Washington. Y la implicación lógica de tal evolución y la consecuente aplicación de los principios de una democracia socialista revolucionaria en las relaciones exteriores será la vuelta al internacionalismo militante de los años sesenta de la revolución cubana. El socialismo en una isla es una utopía tan desastrosa como el socialismo en un solo país estalinista. El destino de la revolución y el régimen socialista cubanos, de su sobrevivencia y definitivo triunfo depende, después de todo, única y solamente, de la victoria de la revolución en tierra firme, en Venezuela, en Argentina, en Brasil y, por supuesto, en México; en la constitución de la federación de repúblicas democráticas y socialistas del continente latinoamericano. |
Unidad socialista #51 (descargar PDF) |
Exigimos la presentación con vida y en libertad de los detenidos-desaparecidos del EPR; Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez. Así como de todas y todos los presos políticos y desaparecidos del país. ¡Vivos se los llevaron vivos los queremos!
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Unidad socialista 51

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